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Problemas de sueño: cuándo consultar a un médico y qué evalúa

Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud, pero muchas personas tienen dificultades para descansar lo suficiente. Es normal pasar alguna noche de insomnio ocasionalmente, pero los problemas de sueño recurrentes pueden afectar el estado de ánimo, la energía y el bienestar general. Reconocer los signos de problemas graves de sueño y saber cuándo acudir al médico puede ser clave para cuidar su salud. En este artículo repasamos los trastornos del sueño más frecuentes, las señales de alerta que requieren atención médica, el proceso de evaluación que realiza el médico y cómo se diagnostican los trastornos del sueño.

Problemas de sueño: cuándo consultar a un médico y qué evalúa

Problemas de sueño más comunes

La mayoría de las personas experimenta dificultades para dormir en algún momento, pero ciertos problemas pueden ser más persistentes y señalar un trastorno subyacente. Identificar estos problemas de sueño más habituales le ayuda a decidir cuándo consultar con un profesional sanitario.

  • Insomnio: dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o despertarse demasiado temprano sin conseguir volver a dormir. El insomnio puede ser agudo (de corta duración) o crónico (persistir durante meses).
  • Apnea del sueño: trastorno en el que la respiración se detiene y reanuda repetidamente durante la noche; a menudo se acompaña de ronquidos fuertes y sensación de cansancio diurno.
  • Síndrome de piernas inquietas (SPI): necesidad irresistible de mover las piernas, generalmente por sensaciones incómodas, más comunes al acostarse.
  • Trastorno del movimiento periódico de las extremidades: movimientos involuntarios de las piernas o brazos durante el sueño, que pueden interrumpir el descanso.
  • Parasomnias: comportamientos inusuales mientras se duerme, como sonambulismo, terrores nocturnos o hablar en sueños.
  • Trastornos del ritmo circadiano: alteraciones en el horario de sueño, como acostarse o despertarse muy tarde o padecer trastornos ligados al trabajo por turnos.
  • Somnolencia diurna excesiva: sensación de cansancio extremo durante el día, incluso tras haber dormido, lo que puede indicar un trastorno del sueño.

Si bien es normal que el sueño se vea alterado en ocasiones, los problemas constantes pueden llevar a fatiga, cambios de ánimo, dificultades de concentración y un mayor riesgo de accidentes y complicaciones de salud.

Señales de alerta

Algunos síntomas pueden indicar que el problema de sueño es más serio y requiere consultar al médico cuanto antes. Preste atención a estas señales:

  • Ronquidos intensos y persistentes: especialmente si se acompañan de pausas respiratorias, jadeos o sensación de ahogo.
  • Somnolencia diurna: sentirse excesivamente cansado, quedarse dormido sin querer o tener dificultad para permanecer despierto en el trabajo o al conducir.
  • Dificultades para respirar por la noche: despertares con sensación de falta de aire o ahogo.
  • Despertares frecuentes: interrumpir el sueño varias veces por noche, sobre todo si cuesta volver a dormir.
  • Movimientos o conductas inusuales: como sonambulismo, terrores nocturnos o realizar acciones involuntarias durante el sueño.
  • Inquietud o molestias: necesidad de mover las piernas o sensaciones incómodas que interrumpen el sueño.
  • Cambios en el ánimo, memoria o concentración: los problemas de sueño pueden hacer complicado pensar con claridad o recordar cosas.
  • Problemas de sueño en niños: ronquidos continuos, dificultades respiratorias nocturnas o conductas atípicas durante la noche deben ser valorados por un profesional.

Si los problemas de sueño afectan su día a día, comprometen su seguridad o se prolongan más allá de unas semanas, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud.

Cómo es el diagnóstico

Cuando acude al médico debido a trastornos del sueño, se siguen una serie de pasos para entender el origen del problema y decidir si son necesarias más pruebas adicionales o tratamientos específicos.

  • Historial médico: le preguntarán por sus hábitos a la hora de dormir, rutinas nocturnas, cuándo aparecieron los problemas y si existen factores como cambios recientes, estrés o turnos laborales irregulares.
  • Diario del sueño: anotar las horas en que duerme y se despierta, siestas y cómo se siente durante el día puede ayudar a detectar patrones o desencadenantes.
  • Cuestionarios: quizá le pidan rellenar formularios sobre sus hábitos y síntomas, como la Escala de Somnolencia de Epworth o el Índice de Severidad del Insomnio.
  • Información de la familia o pareja: a veces, familiares pueden aportar datos útiles sobre ronquidos, pausas respiratorias o conductas inusuales que la persona no nota.
  • Examen físico: el médico puede revisar su peso, presión arterial, y examinar el cuello, garganta y vías respiratorias para buscar signos de apnea del sueño u otras condiciones.
  • Revisión de medicamentos y salud general: ciertos medicamentos o enfermedades (depresión, ansiedad, asma, dolor crónico, entre otros) pueden influir sobre el sueño.

En base a estos controles, su médico decidirá si precisa exámenes adicionales o si los problemas pueden abordarse modificando hábitos, mejorando la higiene del sueño o con otras intervenciones.

Evaluación de los trastornos del sueño

Si sus síntomas indican un posible trastorno específico, o los tratamientos iniciales no funcionan, puede ser necesario realizar pruebas más especializadas. Entre los estudios que puede sugerir su médico destacan:

  • Polisomnografía (estudio del sueño): es la prueba más completa y suele realizarse en una unidad de sueño durante una noche. Evalúa actividad cerebral, respiración, frecuencia cardíaca, oxígeno en sangre, movimientos oculares y musculares mientras duerme. Es esencial para diagnosticar apnea del sueño, narcolepsia o parasomnias.
  • Prueba de apnea del sueño en casa: en ciertos casos, se realiza un estudio simplificado en el hogar para monitorizar respiración, saturación de oxígeno y frecuencia cardíaca.
  • Actigrafía: llevar un sensor en la muñeca similar a una pulsera de actividad permite analizar los ciclos de sueño y vigilia en varios días o semanas, útil para problemas del ritmo circadiano.
  • Prueba de latencia múltiple del sueño (MSLT): evalúa la tendencia a dormirse durante el día y la facilidad con que se entra en sueño REM. Es básica para diagnosticar narcolepsia o somnolencia diurna excesiva.
  • Otras pruebas de laboratorio: a veces se solicitan análisis de sangre para descartar trastornos de tiroides, déficit de hierro u otras afecciones que puedan influir sobre el sueño.

Los especialistas en medicina del sueño revisan los resultados para identificar qué ocurre y recomendarle el tratamiento más adecuado: desde la terapia de presión positiva continua (CPAP), medicamentos, terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), hasta cambios de hábitos en la vida diaria.

Recuerde: no todos los problemas de sueño requieren estudios complejos. Muchas personas logran mejoras significativas con cambios en los hábitos y abordando factores de salud asociados. Sin embargo, en casos graves o persistentes, una evaluación exhaustiva garantiza identificar y tratar adecuadamente cualquier trastorno de base.

Si suele sentirse cansado incluso después de dormir, puede que le interese informarse sobre las diferencias entre la fatiga provocada por el estilo de vida y la causada por enfermedades, en esta guía dedicada sobre las causas de la fatiga crónica.

En resumen: Los trastornos del sueño son frecuentes, pero no tiene por qué resignarse a convivir con ellos. Si nota síntomas persistentes, señales de alarma o cambios en su rendimiento diario, acuda a un profesional sanitario. Un diagnóstico temprano y una evaluación adecuada son clave para volver a tener un sueño reparador y disfrutar de una vida más saludable y feliz.