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Fiebre persistente: cuándo los médicos empiezan a buscar causas ocultas

Tener fiebre durante varios días o incluso semanas puede resultar angustiante y desconcertante. Muchas personas esperan que la fiebre desaparezca rápidamente con reposo, líquidos o un tratamiento sencillo. Sin embargo, cuando la fiebre persiste, suele ser necesario que los médicos investiguen en profundidad para descubrir causas que no siempre son evidentes a simple vista. En este artículo, te explicamos las causas más habituales de la fiebre prolongada, los signos de alerta que pueden indicar una enfermedad más grave, las pruebas diagnósticas que se suelen realizar, y qué puedes esperar del proceso de evaluación médica.

Fiebre persistente: cuándo los médicos empiezan a buscar causas ocultas

Fiebre persistente: cuándo los médicos buscan causas ocultas

Cuando la fiebre dura más de una semana, se la denomina “prolongada” o “persistente”. Si persiste durante un tiempo considerable y no se encuentra una causa clara, los médicos pueden hablar de “fiebre de origen desconocido” (FOD). Existen múltiples causas posibles y, en la mayoría de los casos, se logra identificar el motivo. Entre las razones más frecuentes encontramos:

  • Infecciones: Son la causa más habitual. La fiebre persistente puede deberse a infecciones bacterianas (como tuberculosis o abscesos), infecciones virales (por ejemplo, mononucleosis) o, en algunos casos, enfermedades parasitarias o fúngicas.
  • Afecciones inflamatorias: Enfermedades autoinmunes o inflamatorias como la artritis reumatoide, el lupus o la vasculitis pueden provocar fiebre continua.
  • Cánceres: Algunos tipos de cáncer, especialmente linfomas y leucemias, pueden manifestarse con fiebre prolongada, sobre todo en adultos y personas mayores.
  • Medicamentos: Algunos medicamentos, como ciertos antibióticos o anticonvulsivos, pueden ocasionar fiebre como efecto secundario.
  • Otras causas menos frecuentes: Trastornos hormonales (como el hipertiroidismo), coágulos sanguíneos y otras condiciones poco comunes pueden estar detrás de una fiebre persistente.

En la mayoría de los casos, una historia clínica detallada y una exploración física minuciosa ayudan a acotar las posibles causas. A veces, pese a pruebas exhaustivas, sigue sin encontrarse la causa exacta, aunque en la mayoría de los pacientes finalmente se identifica el motivo de la fiebre.

Señales de alerta ante una posible infección grave

Si bien la mayoría de las fiebres prolongadas son consecuencia de infecciones tratables o enfermedades inflamatorias, hay síntomas que pueden indicar un cuadro más grave o de evolución rápida. Si tú o alguien de tu entorno presenta fiebre persistente, presta atención a los siguientes signos de alarma:

  • Dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello o alteraciones de la conciencia: Podrían ser señales de una infección en el sistema nervioso, como meningitis o encefalitis.
  • Dificultad para respirar o dolor en el pecho: Estos síntomas pueden deberse a neumonía, coágulos en los pulmones o problemas cardíacos.
  • Dolor abdominal severo o hinchazón: Puede indicar infecciones o abscesos abdominales, o inflamación de órganos como hígado o bazo.
  • Vómitos constantes, dificultad para ingerir líquidos o signos de deshidratación: Situaciones que requieren atención médica urgente.
  • Erupción cutánea extensa, especialmente de coloración púrpura o que no desaparece al presionarla: Puede ser un signo de infección grave que afecta los vasos sanguíneos.
  • Frecuencia cardíaca elevada, presión arterial baja o confusión: Son manifestaciones de sepsis, una reacción potencialmente mortal a una infección.

Si presentas alguno de estos síntomas, busca atención médica inmediata. Un tratamiento oportuno puede ser fundamental en casos graves.

Pruebas diagnósticas: análisis de sangre e imágenes

Ante una fiebre que no cede, los médicos suelen indicar diferentes pruebas para buscar la causa subyacente. Algunas de las más frecuentes incluyen:

  • Análisis de sangre básicos: Un hemograma completo, marcadores de inflamación (como PCR o VSG), y pruebas de función hepática y renal pueden aportar indicios importantes.
  • Cultivos de sangre: Para detectar infecciones bacterianas en la sangre, especialmente en pacientes con sospecha de sepsis o infecciones profundas.
  • Análisis de orina: Las infecciones del tracto urinario, incluida la del riñón, suelen causar fiebre persistente. Por ello, es común realizar estudios y cultivos de orina.
  • Radiografía de tórax: Permite detectar neumonía, tuberculosis u otros problemas pulmonares.
  • Ecografías o tomografías computarizadas (TAC): Se pueden solicitar para evaluar el abdomen u otras zonas en busca de abscesos, tumores o agrandamiento de órganos.
  • Pruebas específicas: Según los hallazgos, se pueden hacer pruebas para infecciones particulares (como tuberculosis, VIH o malaria), marcadores autoinmunes o incluso biopsias.

La elección de pruebas dependerá de los síntomas, de tu historial médico y de los resultados del examen físico. No todos los pacientes requieren todos estos estudios.

Cómo se orienta el diagnóstico médico

Las fiebres persistentes pueden ser todo un reto, incluso para profesionales experimentados. El proceso diagnóstico suele basarse en los siguientes pasos:

  • Historia clínica detallada: El médico indagará sobre viajes recientes, contacto con animales, actividades, antecedentes personales y tratamientos recibidos, para buscar posibles fuentes de infección o inflamación.
  • Exploración física: Un examen cuidadoso puede mostrar datos como ganglios inflamados, erupciones, articulaciones hinchadas o soplos cardíacos, que orientan el diagnóstico.
  • Pruebas básicas iniciales: Habitualmente, se comienza con análisis de sangre y orina y radiografías. Los resultados determinan los siguientes pasos.
  • Pruebas específicas: Si se identifica una posible causa (como resultados anormales en el hígado o ganglios aumentados de tamaño), pueden solicitarse estudios adicionales o derivaciones a especialistas.
  • Observación y reevaluación: Si no se encuentra la causa al inicio, los médicos pueden seguir tu evolución, repetir algunas pruebas y estar atentos a la aparición de nuevos síntomas. Este enfoque es clave si el estado general es estable.

No es raro que este proceso se extienda durante varios días o semanas, sobre todo si los síntomas son leves. El objetivo es lograr un equilibrio entre descubrir la causa real y evitar pruebas excesivas o invasivas.

¿Qué ocurre si no se encuentra la causa?

En un pequeño grupo de pacientes, incluso tras una evaluación exhaustiva, la causa de la fiebre sigue sin conocerse. Si tu estado general es bueno y los síntomas disminuyen, esto suele ser tranquilizador y no requiere más intervenciones. Sin embargo, se recomienda mantener el seguimiento y avisar ante la aparición de nuevos síntomas.

¿Qué sucede tras la evaluación?

Una vez identificada la causa de la fiebre prolongada, el médico te explicará las opciones de tratamiento más adecuadas, que pueden incluir:

  • Antibióticos o antivirales: Si se confirma una infección, se prescribirá el tratamiento correspondiente.
  • Terapia para enfermedades inflamatorias: Las afecciones autoinmunes pueden requerir medicamentos para disminuir la actividad del sistema inmunitario, como corticoides u otros inmunosupresores.
  • Tratamiento oncológico: Si se diagnostica un cáncer, se gestiona la derivación a especialistas para definir el tratamiento más adecuado.
  • Suspensión o ajuste de medicamentos: Ante la sospecha de reacción a un medicamento, suspenderlo suele conducir a la mejoría.
  • Cuidados de apoyo: Sea cual sea la causa, es fundamental controlar posibles complicaciones como la deshidratación, el dolor o el malestar general durante la recuperación.

Si tras la evaluación no se identifica una causa específica pero tu malestar persiste, tu médico podrá recomendar un seguimiento estrecho o derivarte a un especialista. Es importante acudir a las citas de control y notificar cualquier cambio importante en tu salud.

¿Te gustaría entender mejor cómo interpretan los médicos los resultados del laboratorio? Puedes consultar nuestra guía sobre qué análisis de sangre suelen pedir primero los médicos cuando investigan síntomas inexplicables.

¿Cuándo buscar ayuda adicional?

Si los síntomas empeoran o aparecen señales de alarma como las mencionadas antes, acude al médico cuanto antes. Confía en tu intuición: si tienes la sensación de que algo no va bien, es preferible consultar a un profesional y despejar dudas.

Conclusión

La fiebre persistente es un motivo frecuente de consulta médica. Aunque puede resultar inquietante, en la mayoría de los casos se encuentra una explicación y el tratamiento es efectivo. Una evaluación completa, el seguimiento adecuado y una comunicación abierta con el equipo médico son claves para resolver el problema y cuidar tu salud. Si presentas fiebre que no cede, no dudes en acudir a tu médico para recibir orientación y apoyo.