Sentir presión frecuente en la cabeza puede ser una experiencia inquietante. Para muchas personas, surge la duda de si se trata de algo leve, como una congestión sinusal, o si podría estar relacionado con una afección neurológica más seria. Comprender las diferencias entre la presión en la cabeza causada por los senos paranasales y la que podría indicar un problema neurológico es fundamental para su tranquilidad y su salud. En este artículo, le orientaremos acerca de los síntomas más comunes, las señales de alerta a las que debe prestar atención y cómo suelen abordar los médicos el diagnóstico.
Analicemos las principales causas, los síntomas a los que debe estar atento y cuándo es conveniente acudir a un especialista para una evaluación más exhaustiva.
Síntomas comunes relacionados con los senos paranasales
Las alteraciones en los senos paranasales son una fuente frecuente de presión en la cabeza. Estos senos son cavidades llenas de aire ubicadas a los lados de la nariz, sobre los ojos y en la frente. Cuando se inflaman o se bloquean —generalmente por infecciones, alergias o irritantes— puede acumularse presión en estas áreas.
- Ubicación de la presión: La presión de origen sinusal suele sentirse en la frente, las mejillas, detrás de los ojos o en el puente nasal.
- Síntomas nasales: Congestión, nariz tapada o con secreción, y goteo posnasal son habituales. Es posible notar una disminución del olfato o el gusto.
- Dolor que varía con la postura: Inclinarse hacia adelante o acostarse puede intensificar la sensación de presión o dolor.
- Otros síntomas:
- Secreción nasal espesa y de color (sobre todo amarillo o verde)
- Fiebre leve
- Dolor de cabeza leve
- Cansancio
- Sensación de taponamiento en los oídos o leves cambios en la audición
En la mayoría de los casos de origen sinusal, las molestias tienden a ser persistentes, aunque no graves, y suelen mejorar con tratamientos de venta libre o una vez que se soluciona la causa subyacente.
Atención: signos de advertencia neurológicos
No toda la presión en la cabeza se relaciona con problemas en los senos paranasales. Existen síntomas que pueden señalar una alteración en el sistema nervioso y requieren atención médica inmediata. Aunque las causas neurológicas son menos frecuentes, pueden llegar a ser más graves.
- Cefalea súbita e intensa: Un dolor de cabeza que inicia bruscamente y se describe como «el peor de su vida» podría ser señal de un problema grave, como una hemorragia cerebral.
- Alteraciones visuales: Visión borrosa, doble, pérdida de visión o percepción de luces intermitentes pueden indicar complicaciones importantes.
- Debilidad o entumecimiento: Debilidad brusca, hormigueo o entumecimiento en un lado del cuerpo o de la cara pueden deberse a una causa neurológica.
- Dificultades en el habla o comprensión: Problemas para expresarse, habla confusa o confusión mental deben ser motivo de preocupación.
- Pérdida de equilibrio o coordinación: Sensación intensa de inestabilidad, mareo o dificultades para caminar pueden evidenciar alteraciones cerebrales o nerviosas.
- Convulsiones: La aparición de convulsiones o episodios convulsivos nuevos siempre constituyen una urgencia médica.
- Alteraciones del nivel de conciencia: Desmayos, somnolencia excesiva o dificultad para despertar deben evaluarse de inmediato por un profesional.
Ante cualquiera de estos síntomas, sobre todo si surgen de manera súbita o son graves, acuda a un servicio médico sin demora. Una evaluación oportuna puede ser clave en el resultado de una urgencia neurológica.
¿Cuándo son necesarias las pruebas de imagen?
No todos los episodios de presión en la cabeza exigen estudios de imagen, pero existen situaciones en las que su médico puede indicarle pruebas como una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética (RMN):
- Síntomas de alarma: Como los mencionados previamente (cefalea súbita y fuerte, déficits neurológicos, cambios en la conciencia), suelen requerir estudios urgentes.
- Síntomas persistentes o sin explicación clara: Si la presión no mejora con tratamientos habituales o va empeorando, puede ser necesario un estudio más profundo.
- Presentación inusual: Cuando los síntomas no coinciden con un patrón típico de sinusitis o cefalea tensional, las pruebas de imagen ayudan a descartar otras causas.
- Antecedentes de cáncer o inmunosupresión: Personas con historial de cáncer, VIH o uso de inmunosupresores requieren una evaluación más temprana, por el mayor riesgo de causas poco frecuentes.
- Infecciones sinusales recurrentes: Los problemas sinusales crónicos o repetidos que no responden al tratamiento pueden requerir estudios de imagen para investigar alteraciones estructurales o inflamación persistente.
Generalmente, las pruebas de imagen no son necesarias para cuadros sinusales leves y autolimitados. Su médico valorará la necesidad en función de su situación individual y los síntomas que presenta.
Evaluación: otorrinolaringólogo vs. neurólogo
Cuando los síntomas persisten o no son del todo claros, su médico de cabecera puede derivarlo a un especialista. Los principales profesionales que suelen intervenir en la valoración de la presión en la cabeza son:
- Otorrinolaringólogos (especialistas en oído, nariz y garganta):
- Se centran en problemas de los senos paranasales, la nariz y el oído.
- Pueden realizar endoscopias nasales, solicitar estudios de imagen y valorar inflamación crónica o pólipos.
- Tratan frecuentemente sinusitis crónica, rinitis alérgica y alteraciones estructurales nasales.
- Neurólogos:
- Evalúan causas neurológicas, como migraña, cefalea tensional, aumento de presión intracraneal o problemas cerebrales poco comunes.
- Pueden hacer una exploración neurológica detallada y solicitar estudios cerebrales si es necesario.
- Tratan con frecuencia casos de cefalea crónica y síntomas neurológicos poco claros.
Su médico de atención primaria le orientará sobre cuál especialista consultar según sus síntomas. En ocasiones, es necesario el trabajo conjunto de ambos para descartar las distintas causas.
¿Qué evalúan usualmente los médicos?
Si consulta por presión frecuente en la cabeza, su médico probablemente realice una historia clínica detallada y una exploración física completa. Por lo general, evalúan lo siguiente:
- Historia de los síntomas: ¿Cuándo empezó la presión? ¿Es continua o intermitente? ¿Qué la mejora o la agrava?
- Síntomas asociados: ¿Presenta congestión nasal, fiebre, alteraciones visuales, debilidad o problemas de equilibrio?
- Antecedentes personales: ¿Tiene alergias, migraña o alguna enfermedad crónica?
- Revisión de medicamentos: Algunos fármacos pueden provocar dolor de cabeza o congestión nasal.
- Exploración física:
- Revisión de la nariz, garganta y oídos en busca de signos de infección, inflamación u obstrucciones.
- Palpación de los senos paranasales para comprobar sensibilidad.
- Evaluación de hinchazón o enrojecimiento.
- Examen neurológico básico: valoración de fuerza, reflejos, sensibilidad, equilibrio y movimientos oculares.
- Pruebas adicionales: Según los hallazgos iniciales, puede requerirse un análisis de sangre, estudios de imagen o derivación a un especialista.
El médico buscará patrones y signos de alarma para definir el camino diagnóstico más adecuado. La mayor parte de los casos de presión en la cabeza no implica riesgos graves, pero es fundamental descartar de manera temprana enfermedades serias.
Si tiene dudas sobre cuándo corresponde hacerse estudios, puede interesarle leer sobre los tipos de dolor de cabeza y la indicación de pruebas de imagen en nuestra guía completa para la evaluación del dolor de cabeza.
Resumen: La presión en la cabeza es un motivo de consulta frecuente y puede tener muchas causas. Los problemas sinusales son muy habituales y, por lo general, producen síntomas reconocibles. Sin embargo, siempre es importante estar atento a señales de alarma que podrían apuntar a una causa neurológica. Si presenta síntomas intensos, súbitos o acompañados de cambios neurológicos, solicite atención médica de inmediato. Ante una presión persistente o inexplicable, un profesional de la salud puede guiarle sobre los próximos pasos, incluyendo si necesita consultar a un especialista o realizar más estudios.
Si no tiene certeza sobre sus síntomas, no dude en conversar con su médico. Una evaluación temprana y adecuada puede marcar la diferencia entre encontrar alivio y conservar su tranquilidad.
