La enfermedad del hígado graso es una condición mucho más común de lo que solemos imaginar; aun así, frecuentemente pasa desapercibida y afecta a millones de personas tanto en Europa como en el resto del mundo. Es habitual que quienes la padecen no lo sepan, ya que los síntomas pueden ser tan leves que resultan imperceptibles o incluso pueden no aparecer durante largos periodos. Comprender qué es la enfermedad del hígado graso, cómo se manifiesta y por qué a menudo se detecta tarde, es esencial para quienes desean proteger su salud hepática.
Este artículo le ayudará a entender en qué consiste la enfermedad del hígado graso, por qué a veces los síntomas no se notan, cómo los profesionales de la salud la diagnostican y cuándo los cambios en los hábitos cotidianos pueden ser decisivos. Si le preocupa la salud de su hígado o tiene factores de riesgo como sobrepeso, diabetes o consumo frecuente de alcohol, informarse sobre esta enfermedad le permitirá tomar decisiones informadas y buscar el respaldo adecuado de su médico.
¿Qué es exactamente la enfermedad del hígado graso?
La enfermedad del hígado graso se produce cuando se acumula grasa en exceso en las células del hígado. Este órgano es fundamental, ya que filtra toxinas, almacena nutrientes y participa en la digestión. Sin embargo, cuando la grasa se deposita en demasía, puede interferir en estas funciones y, a largo plazo, desencadenar problemas de salud más serios.
Existen dos formas principales de enfermedad del hígado graso:
- Enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD): es la variante más frecuente, especialmente en Europa, y se presenta en personas que beben poco o nada de alcohol. Por lo general, está asociada al sobrepeso, el colesterol alto, la diabetes tipo 2 o la hipertensión arterial.
- Enfermedad del hígado graso asociada al alcohol (ARLD): en este caso, el consumo de alcohol supera la capacidad de procesamiento del hígado, lo que favorece la acumulación de grasa y a la larga puede causar daño hepático.
Ambos tipos pueden evolucionar a través de distintas etapas:
- Hígado graso simple (esteatosis): hay acumulación de grasa, pero al principio causa poca o ninguna inflamación o daño significativo.
- Esteatohepatitis: si la enfermedad progresa, puede desarrollarse inflamación (esteatohepatitis no alcohólica, EHNA, o esteatohepatitis alcohólica, EHA), lo que incrementa el riesgo de que el órgano se deteriore.
- Fibrosis y cirrosis: la inflamación que persiste a lo largo del tiempo puede ocasionar cicatrices (fibrosis) y finalmente, cicatrices más severas (cirrosis), afectando gravemente el funcionamiento del hígado.
Cabe destacar que no todas las personas con hígado graso desarrollarán etapas avanzadas, pero el riesgo aumenta si no se corrigen las causas subyacentes a tiempo.
¿Por qué suelen pasar desapercibidos los síntomas?
Una de las principales razones por las que la enfermedad del hígado graso es difícil de diagnosticar es su evolución lenta y silenciosa. La gran mayoría de quienes la padecen en sus fases iniciales no presentan síntomas claros. Incluso en fases más avanzadas, los síntomas pueden ser poco específicos y atribuirse fácilmente a otras causas cotidianas.
Las razones más habituales de esta falta de síntomas son:
- Desarrollo gradual: la acumulación de grasa en el hígado ocurre durante muchos años, lo que permite que el cuerpo se adapte y compense sin señales evidentes.
- Escasez de terminaciones nerviosas: el hígado tiene muy pocas terminaciones nerviosas, por lo que el daño o la inflamación rara vez producen dolor hasta que la enfermedad está bastante avanzada.
- Síntomas inespecíficos: en caso de presentarse, suelen ser fatiga, malestar en la parte superior derecha del abdomen o sensación de malestar general, síntomas que también pueden deberse a otros problemas de salud.
Debido a esto, con frecuencia la enfermedad se detecta por casualidad, por ejemplo, mediante análisis de sangre rutinarios o una ecografía solicitada por otro motivo. Cuando aparecen señales más claras, como coloración amarilla de la piel o los ojos (ictericia), hinchazón abdominal o confusión, suele indicar que el hígado ya está considerablemente afectado.
No olvide que, si usted tiene factores de riesgo como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión o consumo habitual de alcohol, sus posibilidades de desarrollar esta enfermedad aumentan, aunque se sienta completamente bien.
¿Cómo se detecta la enfermedad del hígado graso?
Dado que suele presentar escasos o nulos síntomas, su diagnóstico habitualmente llega tras exámenes médicos rutinarios o al investigar otros problemas de salud. No existe una prueba única y definitiva, por lo que los profesionales recurren a diferentes métodos para evaluar el estado del hígado y descartar otras causas.
Análisis de sangre
Los médicos pueden solicitar pruebas de función hepática (como ALT, AST y otros marcadores) para buscar señales de inflamación o daño. Sin embargo, estos análisis no son concluyentes, puesto que pueden ser normales incluso si hay acumulación de grasa.
Pruebas de imagen
Se utilizan principalmente las ecografías, que permiten observar si el hígado está agrandado o contiene grasa. En ocasiones, pueden emplearse otras técnicas como la tomografía computarizada o la resonancia magnética para obtener información más detallada.
Fibroscan y otras pruebas especializadas
El Fibroscan (elastografía transitoria) mide la rigidez del hígado, detectando la presencia de cicatrices (fibrosis) y evaluando la progresión de la enfermedad.
Biopsia hepática
En casos poco frecuentes, se toma una pequeña muestra de tejido hepático para confirmar el diagnóstico y determinar si existe inflamación o cicatrices. Este procedimiento suele reservarse para situaciones de duda diagnóstica o cuando se sospecha una enfermedad avanzada.
El médico también tendrá en cuenta su historial clínico, el consumo de alcohol, su peso y otros factores que puedan influir en la salud hepática.
La detección precoz es fundamental para evitar que la enfermedad progrese hacia complicaciones más serias. Si tiene riesgo elevado, su médico podría recomendarle revisiones periódicas, incluso si se encuentra asintomático.
¿Cuándo se recomiendan cambios en el estilo de vida?
En la mayoría de los casos, la mejor estrategia para controlar la enfermedad y prevenir su avance es modificar ciertos hábitos. A diferencia de otros trastornos, no existe actualmente un fármaco específico aprobado para tratar el hígado graso, pero los cambios positivos en el estilo de vida pueden mejorar notablemente el bienestar hepático y general.
Los médicos suelen recomendar estos cambios si:
- Tiene sobrepeso u obesidad.
- Padece diabetes tipo 2, colesterol alto o hipertensión.
- Suele consumir más alcohol del recomendado.
- Las pruebas muestran signos de hígado graso, aunque no tenga síntomas.
Principales cambios en el estilo de vida que pueden ayudar
- Pérdida de peso saludable: perder gradualmente entre el 5 y el 10 % de su peso corporal puede reducir la grasa en el hígado e incluso revertir la enfermedad en etapas tempranas.
- Alimentación equilibrada: aumenta el consumo de frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables (como el aceite de oliva y los frutos secos) y reduce los azúcares añadidos, los alimentos procesados y las grasas saturadas.
- Ejercicio físico regular: practique actividad moderada como caminar rápido, montar en bicicleta o nadar, al menos 150 minutos semanales.
- Limite el alcohol: reducir o evitar las bebidas alcohólicas protege aún más al hígado, especialmente en los casos asociados al alcohol.
- Controle otras enfermedades: mantener bajo control la diabetes, el colesterol y la presión arterial ayuda directamente a la salud hepática.
Aunque al principio estos cambios pueden parecer complicados, pequeñas mejoras sostenidas son suficientes para marcar una gran diferencia. Si le cuesta saber por dónde empezar, contar con el apoyo de profesionales sanitarios, dietistas o grupos de pacientes puede facilitar el proceso.
En situaciones más avanzadas, o si los cambios de hábitos no son suficientes, el médico podría considerar otros tratamientos o derivarle a un especialista en hígado (hepatólogo).
Si desea más información sobre el papel de la ecografía en la detección de alteraciones hepáticas, sus ventajas y limitaciones, puede consultar nuestra guía detallada sobre el alcance de la ecografía en la salud del hígado aquí.
La enfermedad del hígado graso es una afección común y, en muchas ocasiones, silenciosa. Sin embargo, no es un destino inevitable. Una mayor concienciación, revisiones médicas periódicas y la adopción de hábitos saludables permiten prevenir complicaciones graves y preservar una buena salud hepática. Si le preocupa su hígado o identifica factores de riesgo, no dude en consultar a su médico para recibir información y apoyo personalizados.
